miércoles 20 de octubre de 2021
SOCIEDAD | 28-09-2021 09:35

Síndrome de la cara vacía: Superar el miedo a sacarse el barbijo

Hace un año y medio que usamos tapaboca y, ante la posibilidad de abandonarlo, algunas personas presentan un curioso cuadro relacionado con el temor. Cómo afrontarlo.

La pandemia nos obligó a usar más de un año un elemento impensado en nuestras caras: el barbijo. Nos costó muchísimo acostumbrarnos y ahora, ante la posibilidad de que dejen de ser obligatorios en los espacios abiertos (mientras se respete la distancia social), se sucede una gran variedad de reacciones emocionales en las personas: lo que para muchos era un momento esperado, para otros es todo lo contrario.

De qué se trata:

El síndrome de la cara vacía es un conjunto de síntomas relacionados con la ansiedad que pueden aparecer, en mayor o menor grado, ante la retirada del barbijo.

Este síndrome puede provocar sentimientos de angustia, preocupación y sensación de agitación. Incluso causar también síntomas físicos como taquicardia, sensación de falta de aire, tensión muscular, mareo.

En definitiva, todas señales relacionadas con la ansiedad por el sentimiento de desprotección frente al virus que puede generar el quitarse la mascarilla en la calle.

Tener en cuenta los aspectos positivos de ir quitándonos el tapaboca puede ayudarnos a abandonarlo.
Adaptación: El abandono del barbijo no tiene porqué ser inmediato. Sin prisa, pero sin pausa.

Los síntomas:

• Sentimiento de vulnerabilidad y desprotección al ir sin barbijo.

• Ansiedad, miedos, sentirse expuesto, etc. por llevar la cara al descubierto.

• Rechazo del contacto social o evitación de ciertas situaciones. Existen básicamente dos miedos subyacentes a este síndrome:

• Miedo obsesivo al contagio.

• Miedo a mostrarse personalmente ante los demás. Según cuál sea el origen, el tratamiento requerirá un enfoque diferente.

Por qué se produce:

Con el inicio de la pandemia, inmersos como estábamos en una situación de total incertidumbre y miedo, asimilamos que “barbijo = protección”. De la misma manera, “No barbijo = desprotección”. El problema empieza cuando este significado se mantiene a pesar de que las circunstancias cambien y la amenaza o peligro que nos llevó a hacer la asociación haya desaparecido o sea mucho menor. Si no hay peligro o el riesgo es mínimo, el barbijo deja de ser una defensa.

También por asociación, la protección no sólo se aplica al virus, sino que también se puede ampliar su significado a un ámbito emocional. La mascarilla entonces se convierte en una protección psicológica, una barrera que impide mostrarnos a nosotros mismos, nuestras expresiones, defectos, etc. Es la mascarilla como ocultación.

Algunas personas tienen más probabilidades de desarrollar el síndrome de la cara vacía. Por ejemplo, perfiles ansiosos de base o personas que ya han tenido algún episodio previo relacionado con ansiedad, personas que sufren hipocondría, agorafobia, ataques de pánico o ansiedad.

Tener en cuenta los aspectos positivos de ir quitándonos el tapaboca puede ayudarnos a abandonarlo.
En el trabajo: La recomendación es mantener el uso del tapabocas en espacios cerrados. La pandemia aún no terminó.

Consejos contra esta fobia:

Tiempo para adaptarnos: entender que lo que nos está pasando es normal y que sencillamente conlleva un tiempo, los sentimientos y síntomas que apreciamos pueden darse al principio, pero con el tiempo irán desapareciendo. Todos necesitamos un tiempo de adaptación ante los cambios, sobre todo a la hora de plantear modificaciones en aprendizajes que han salvaguardado nuestra supervivencia, por lo que es muy importante respetar los tiempos de cada persona. La rapidez con la que lo hagamos dependerá de características de personalidad. También ocurrió luego de la cuarentena con lo que se llamó el síndrome de la cabaña: la dificultad de quedarnos en casa luego se transformó en miedo a salir.

Hacerlo de forma gradual: cuando el miedo es muy elevado es muy importante exponerse paso a paso. Conviene empezar por quitarse el barbijo en lugares muy amplios al aire libre, donde apenas hay gente, para ir pasando progresivamente a lugares algo más concurridos. Progresivamente, iremos aumentando los tiempos de exposición, pero sin prisa, de manera paulatina. Además, hay que tener en cuenta que en lugares cerrados aún no es conveniente quitarse la mascarilla.

Pensar en las ventajas: tener en cuenta los aspectos positivos de ir quitándonos el barbijo puede ayudarnos. La cara tiene miles de músculos faciales que dan lugar a los gestos y microgestos, estos nos dan una información valiosísima sobre cómo se encuentra el otro, y es fundamental para generar vínculos y la socialización. También nuestras relaciones sociales se beneficiarán al dejar el barbijo, lo que es una motivación muy fuerte, sobre todo cuando empieza a experimentarse ese beneficio.

Recomendaciones para volver a la normalidad:

Recordar ante todo que no estamos obligados a ir sin barbijo, se lo puede seguir llevándolo cuando queramos o llevarlo a mano si nos ponemos nerviosos.

Abandonar las conductas evitativas exponiéndonos gradualmente. Hacer una lista de situaciones, de menos a más amenazantes. Empezar por las más fáciles e ir subiendo progresivamente el grado de dificultad.

Reestructurar los pensamientos irracionales, teniendo en cuenta el contexto. No es lo mismo si estamos o no vacunados, si tenemos una o dos dosis, si tenemos personas de riesgo a nuestro cargo o no, etc.

Recordar que la mascarilla es una barrera. Igual que nos protege, también nos distancia de los demás. Ver las caras nos ayuda a regular nuestras emociones.

Tener en cuenta los beneficios: respirar mejor, menos calor, ver bien.

Hacer un ritual de despedida: escribir algo en la mascarilla, quemarla, enterrarla en un lugar simbólico, etc.

 

 

at Redacción Mía

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