viernes 30 de septiembre de 2022
SOCIEDAD | 08-04-2022 11:59

La ley del espejo: Una herramienta de autoconocimiento

Permite descubrirnos y sanar la relación con otras personas, mediante el poder de la observación y el "reflejo" que el mundo exterior hace de nuestra vida interior.

"Todo lo que te molesta de otros seres es solo una proyección de lo que no has resuelto en ti mismo". Esta cita de Buda constituye uno de los principios fundamentales de "la ley del espejo", que viene a decirnos que lo que vemos en los demás no es más que un reflejo de nuestro propio mundo interior, de nuestras luces y también de nuestras sombras.

La ley del espejo es una poderosa herramienta de autoconocimiento que nos permite identificar determinados atributos que están en nuestro interior de forma consciente o inconsciente para poder aceptarlos y resolverlos. Nos plantea que el origen de nuestros sentimientos negativos hacia una persona está en nuestro corazón y no en la otra persona. O sea, que los sentimientos tienen su origen en nuestro interior y es por eso que somos nosotros los responsables de manejar creencias, ideas y malos pensamientos hacia los demás.

Porque el enojo, habitualmente, es con uno mismo y no con el otro. Es decir, todo comienza y todo termina en el sí mismo, porque es la proyección la que juega con nuestra mente, como si nuestra realidad fuese un espejo que nos devolviese la imagen que estamos generando.

Si prestamos atención a las señales, ya tenemos gran parte del camino recorrido. Ahora solo falta ponerse a trabajar para resolverlas.
Perdón: Hacernos preguntas, enfrentar nuestras respuestas y reconciliarnos. Así actúa esta ley.

Lo que nos muestra:

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La ley del espejo presenta cuatro funciones básicas:

Lo que vemos en otras personas, aquello que más nos gusta de ellas, también está dentro de nuestro. Es decir, si vemos su simpatía, su amabilidad, su respeto, es porque esas cualidades también forman parte de nuestro ser.

Todo lo que el otro juzga o critica en nosotros sin que nos afecte ya está resuelto por parte nuestra, por lo que le pertenece a la otra persona trabajarlo. Si, por ejemplo, alguien nos dice que somos muy mezquinas, pero a nosotros no nos causa ningún daño, será esa persona la que tenga algo que resolver ese tema en su interior.

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Si nos enoja o molesta mucho lo que hace, dice, no hace o no dice otra persona, es porque hay algo en nosotros que resolver.

Algo que también hacemos, quizá de forma inconsciente, y que no terminamos de aceptar o de permitirnos. En este caso, tenemos dos opciones: actuar para cambiarlo o aceptar que nuestro comportamiento (aunque no nos guste) es similar al que odiamos en esa otra persona.

El reflejo que recibimos es algo totalmente opuesto a nosotros, a nuestra forma de actuar y de comportarnos. Aquí, su función es hacernos ver que quizá es necesario fluir más, no ser tan cerrados o abrirnos a nuevas perspectivas.

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Las dos primeras funciones no generan ningún malestar, mientras que las otras dos, sí. Ahí es donde está el verdadero trabajo que nos propone la ley del espejo, que muestra esas partes internas que a veces no nos gustan y nos negamos a ver.

Al trabajar con esta ley aprendemos a conocernos mejor, a empatizar, a quitarle importancia a ciertas cosas, ayuda a empoderarse porque se empieza a poner el foco en nosotros mismos y no en los demás. De esta manera, se logra un mayor equilibrio y plenitud.

Indagar en nosotros:

Para lograr ese equilibrio, se recomienda hacerse una serie de preguntas y responderlas con total honestidad y sinceridad.

Aceptación: cuando una persona despierta una emoción desagradable en nosotros, lo primero que tenemos que preguntarnos es: ¿También yo actúo de esa forma?, ¿hago eso y lo acepto en mí?, ¿no lo acepto?. Si la respuesta es sí, es un buen momento para indagar en los porqués y descubrir algo que duerme dentro nuestro. Eso nos ayudará a comprender mejor nuestro comportamiento, a reconocernos en el otro y a liberar posibles cargas emocionales.

Causa: en el momento en el que descubrimos que no lo aceptamos en nosotros o no nos lo permitimos, tenemos que profundizar un poco más para descubrir el origen, la razón que se esconde tras esa negación. Entonces, habría preguntarse: ¿Qué hace que no me lo permita o que no lo acepte?

Acción: una vez identificada la causa, llega la tercera pregunta: ¿Cómo puedo cambiar eso?. Este es el punto más difícil porque, para propiciar un cambio en nuestro modo de actuar, debemos modificar antes el pensamiento, la creencia que nos limita. Y esto solo se consigue ahondando en las razones que nos hicieron tener esa creencia para, a partir de ahí, darle la vuelta y encontrar nuevos puntos positivos de ese cambio que no nos permitimos, pero que anhelamos.

Siendo creativos y analizándonos, lograremos tener otra visión para actuar y sentir de diferente manera con respecto a ese comportamiento que queremos transformar en nosotros mismos.

Los 7 beneficios:

La Ley del Espejo dice que todo lo de fuera (las circunstancias de nuestra vida) son un reflejo de nuestro interior. Si cambiamos (nuestra forma de pensar, creencias y paradigmas), nuestra realidad cambiará. La causa de todo lo que experimentamos y sucede en nuestra vida está siempre en el interior. Por lo tanto, no somos víctimas de nada ni de nadie sino que nosotros creamos nuestra realidad.

Los 7 beneficios de aplicar esta ley en nuestro día a día son los siguientes:

1. Mayor autoconocimiento. 2. Integración de nuestra sombra. 3. Más empatía y compasión. 4. Mayor equilibrio. 5. Humildad. 6. Dejar la actitud de víctima. 7. Más sabiduría y libertad.

at Redacción Mía

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