martes 27 de septiembre de 2022
SOCIEDAD | 21-03-2022 11:26

Una historia personal

La colombiana Margarita García Robayo publicó su nuevo libro, Primera Persona, donde cuenta su vida como hija, madre, esposa y escritora. Ya ha sido aplaudido por diversas personalidades del mundo de la literatura.

Nacida en Colombia y habitante de Buenos Aires, Margarita García Robayo presenta su nuevo y octavo libro: Primera persona, de Editorial Marea, una colección de artículos publicados en diferentes revistas literarias, que hablan de su historia personal con una honestidad conmovedora.

A través de una compilación de crónicas, aborda temas como el amor por su padre (y el "complejo de Edipo"), la maternidad, su oficio como escritora y la "siniestra" educación sexual que recibió de niña.

"Más allá de la premisa de cada texto, en cada uno prevalecen mis preocupaciones esenciales, las cosas que miro del mundo y lo que me interesa narrar. Suelen ser temas puntuales, atravesados por la búsqueda de un sentido de pertenencia que nunca termina de forjarse ni definirse". dijo la autora a Télam. En cuanto a la escritura opina que "al momento de escribir, el desafío es siempre preguntarse, indagar, llegar al fondo de lo que se intenta decir con la mayor honestidad posible", afirma la autora para quien "la literatura es trucar, encontrar los recursos que mejor se ajusten a lo que quieres contar".

En el libro están mis preocupaciones, neuras y obsesiones, que son más o menos las mismas y están enmarcadas en distintos tópicos

Sobre la autora:

Margarita García Robayo nació en 1980 en Cartagena, Colombia, y reside en Buenos Aires desde hace más de 10 años. Está en pareja y tiene dos hijos. Estudió Abogacía mientras cursaba la carrera de Comunicación Social. Se recibió de periodista antes que de abogada y entró a hacer una pasantía a la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, institución promotora de la ética y creatividad periodística, fundada por Gabriel García Márquez.

Es autora de las novelas Hasta que pase un huracán, Lo que no aprendí y Tiempo muerto; de varios libros de cuentos, entre los que se destaca Cosas peores, ganador del Premio Literario Casa de las Américas 2014; y de una antología personal publicada en Chile llamada Usted está aquí.

Ha colaborado con numerosos medios de Argentina y del mundo. Entre el 2010 y el 2014 dirigió la Fundación Tomás Eloy Martínez.

Fragmento:

El primer recuerdo es molesto: el escozor de la sal en las heridas de infancia. Primero te sacude, después te anestesia y el cuerpo queda como curado y limpio. Me caía mucho, me raspaba y encontraba gran placer en sacarme la costra seca de la herida. Mis rodillas son un mapa de cicatrices microscópicas. Entonces había una casa pequeña: paredes de madera húmeda, techo de chapa y piso de arena. Íbamos los domingos, los caseros sacaban las hamacas, un balde de ostras frescas —lo mismo que comían los cerdos por esa época— y cocinaban el pescado. Los adultos se echaban a dormir y a los niños nos mandaban al mar. Jugábamos a pasar largos ratos bajo el agua con los ojos abiertos, irritados y curiosos: peces de colores, corales, aguamalas, algas verdes atravesadas por puñales de luz que caían implacables desde la superficie. Era el cine 3D que todavía no existía. Nunca aprendí a nadar, pero siempre tuve la sensación de que jamás me ahogaría.

En el libro están mis preocupaciones, neuras y obsesiones, que son más o menos las mismas y están enmarcadas en distintos tópicos
LA OBRA: Primera persona de Margarita García Robayo, Editorial Marea.

Hubo un tiempo, el primero de todos, en que el mar era un territorio próximo, familiar y rutinario. Sacarse la ropa y los zapatos, caminar dos, tres metros y zambullirse. No había mucho más que hacer. Eran jornadas propicias para el pensamiento ocioso y cíclico. Flotar de cara al cielo, dejarse arrastrar por la corriente hasta algún lugar lejano. Medio millón de gacelas Thomson migraban a Kenia dos veces al año. Sabía esas cosas, o me las inventaba. Después vino el hastío, semana tras semana: otra vez el mar. Qué raro que un charco de agua infinita provoque pasmos de poesía. Al próximo poeta que proponga un verso sobre el mar, córtenle los dedos de un tajo y que lo escriba con sangre. Exigí una hamaca para mí. “Anda al mar”, dijo mi madre. “No”. “¿Por qué?”. Y ahí lo dije por primera vez, a lo mejor sin pensarlo realmente —cuestión completamente accesoria en la génesis de una fobia—: “Odio el mar”.

Mi madre también lo odiaba, pero tenía razones ciertas. Tiempo después me enteraría de que su novio de la adolescencia había muerto ahogado. Ella estaba con él, habían hecho un picnic en una lona a cuadros, habían nadado hasta agotarse y estaba por caer el sol. Un buque mercante entraba en el horizonte. Él la tomó de la mano: “Vamos a nadar”. “Pero es tarde”. “Dale”. La ola violenta se lo sacó de la mano en cuestión de segundos. Cuando ella despertó estaba en la orilla: los ojos del salvavidas la miraban aterrados; de fondo había un montón de cabezas a contraluz. Mi madre se alejó del mar todo lo que pudo y fue volviendo de a poco.

Lo más cerca que había llegado era esa choza de domingo, de la que casi no salía. Yo también me alejé, pero por motivos distintos. Me recluí en la montaña y después en la llanura.

En unas vacaciones fui de visita: la choza se había agrandado, al igual que la familia. Fuimos todos, salvo mi madre, a zambullirnos. El mar estaba ahí, quieto y sugerente, y mientras lo miraba desde afuera pensé que había pocos espacios que conociera más. Me pertenece, pensé. Le pertenezco.

Contenido del libro:

En este libro de crónicas y relatos inclasificables el lector es arrastrado como por una ola violenta, por algo así como lo que la misma autora describe en su crónica sobre el mar, una fuerza más fuerte que la gravedad.

De una madre singular a un padre aún más singular, de sus relaciones sepultadas a la maternidad del amamantamiento esclavo, del amor y la vulnerabilidad al cinismo neurótico, en Primera persona el yo se desliza con una escritura certera y exquisita. (...) Consagrada por sus cuentos y novelas, García Robayo entrega aquí más de lo que alguien puede esperar de una cronista honesta: la transparencia abisal de sus sentidos.

 

Fuente: Editorial Marea.

at Redacción Mía

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