miércoles 16 de junio de 2021
SOCIEDAD | 17-05-2021 13:14

Adiós a las excusas

Terminar con las excusas es más sencillo de lo que pensamos. Con sinceridad y responsabilidad hacia nosotros mismos y los demás, lograremos superarlas.

La excusa es una razón o argumento que se da para justificarse, al cometer un error o falta, con el fin de eludir la culpa o responsabilidad. Responsabilidad es poder responder con habilidad ante las circunstancias.

La falta de responsabilidad nos expone frente a nosotros mismos y a los demás. Poner excusas cuando fallamos a nuestra palabra o al compromiso contraído, indica proyectar el problema fuera de nuestra zona de influencia, no asumir nuestra responsabilidad.

El problema es que, cuando algo está fuera de nuestra zona de influencia, difícilmente podamos intervenir para modificarlo. De esta manera, la excusa nos hace víctimas de las circunstancias, nos quita el empoderamiento sobre nuestra vida y limita nuestras posibilidades de acción.

Muchas veces, el miedo al fracaso o la inseguridad pueden hacer que pongamos en duda nuestra capacidad para responder efectivamente a los desafíos y decidimos de forma consciente o inconsciente escudarnos detrás de la excusa. En estos casos, en lugar de poner excusas, lo mejor es sincerarnos y preguntarnos: ¿Realmente quiero hacer esto? ¿Me siento preparado? ¿Qué recursos me están faltando? ¿Qué necesito aprender para no volver a fallar?, ¿A quién pedir ayuda?.

Todos los seres humanos tenemos normas y pautas que rigen nuestro comportamiento. Cuando una persona realiza una acción que transgrede esas normas, surge la culpa. Esta es una señal necesaria, porque muestra la necesidad de reparar la falta cometida. Cuando la culpa genera sufrimiento, cuando es disfuncional, tortura pero no repara. En este caso, aparecen las excusas y justificaciones.

Gestionar la culpa implica aceptar el error cometido, encontrar una forma de repararlo y convertir la situación en un motivo de aprendizaje. Tenerse paciencia, ser amable y cordial frente al error, dejando de lado la autoexigencia y silenciando al crítico interior, es otra regla para no tener que anteponer excusas.

"Si quieres hacer algo, encontrarás la manera, si no quieres, buscarás la excusa", dice el refrán. Muchas personas no saben declarar "no". Esta incapacidad los lleva a buscar excusas. Comprender que tenemos libre albedrío y aprender a declarar "no" sin culpa, es un ejercicio liberador. Al desaparecer la culpa, ya no habrá necesidad de excusas.

También una excusa es un decreto, algo que declaramos con vehemencia, asumiéndolo como un hecho. Cuestionar nuestras creencias y juicios, permite comprender que muchas excusas que ponemos, carecen de fundamento. Un ejercicio muy útil en estos casos, es abrirnos interrogantes cuando surge una excusa.

En vez de expresar "esto es muy difícil", preguntarse "¿Cómo podría hacer esto más fácil?" En vez de decretar que las cosas no van a cambiar, preguntar "¿Qué hace falta para que las cosas cambien?" De esta manera, el cerebro automáticamente activará nuevos circuitos y buscará otras opciones creativas.

En síntesis, podemos decir que eliminar las excusas es mucho más fácil de lo que pensamos. Lo único que se requiere es sinceridad y responsabilidad hacia nosotros mismos y los demás.

 

Roxana AnahÍ Timo

Médica M.N. 88956

Health Coach

@dra.anahitimo

at Redacción Mía

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