domingo 18 de abril de 2021
SALUD | 26-03-2021 11:15

Cleanfulness: Limpiar cuerpo y mente

El orden nos influye positivamente. La disciplina que te proponemos ayuda a liberar nuestra mente a la vez que logramos que nuestra casa esté limpia y ordenada.

El cleanfulness es una disciplina prima hermana del mindfulness y el mindful eating que nos permite reconciliarnos con las tareas domésticas, como limpiar, ordenar, planificar las comidas, planchar, cuidar el jardín, etc.

Desde el Ora et labora cristiano a la meditación lavando los platos del maestro budista Thich Nhat Hanh, la repetición de tareas y la actitud de esmero y cariño en lo que hacemos, siempre fueron cualidades muy valoradas por las distintas tradiciones religiosas como camino para el fortalecimiento del espíritu.

Lo que propone el cleanfulness es que cuidando nuestra casa, es posible conseguir una mejor calidad de vida. Esta es la perspectiva que defiende Keisuke Matsumoto, monje budista del templo Komyoji y autor de Manual de Limpieza de un Monje Budista. Nos recuerda que vivimos en un mundo interdependiente y estamos conectados con nuestro entorno, que las tareas cotidianas y sencillas nos ayudan a encontrar la serenidad interior y que son una forma de meditación en movimiento.

Lo que propone el cleanfulness es que cuidando nuestra casa, es posible conseguir una mejor calidad de vida

Con tanto ruido mental e incertidumbre, dedicar un tiempo a la limpieza ayuda a bajar revoluciones, concentrarse en una tarea e, incluso, relajarse. Si tomamos esta costumbre como un hábito saludable más y nos permitimos sentir esa limpieza meditativa, el cleanfulness se convertirá en la mejor terapia contra el estrés porque despeja la casa, ordena los espacios y resetea la mente a la vez.

Consejos prácticos:

Planificar la limpieza en la agenda tal como programamos ir a caminar, a la peluquería o al club. Así evitaremos procrastinar.

Tratar de poner los cinco sentidos en la tarea de la limpieza y orden. Es esencial que nos apliquemos en lo que estamos haciendo.

Dividir las labores según capacidades, disponibilidad e interés con los demás integrantes de la casa.

Poner música. Al escucharla mientras limpiamos, alegramos el momento y nos sentiremos más animados.

Dejar de lado la autoexigencia. No se busca la perfección, ni dejarlo todo impecable como en los avisos comerciales, sino que tratamos de acostumbrarnos al hábito continuado de que nuestra casa y nuestra vida merecen esos cuidados y disfrutar de ellos. Poco a poco se verán los resultados.

Limpiar en lo posible con productos naturales, que protejan la naturaleza. A veces se pueden usar productos que no agreguen tóxicos al aire que respiramos. El vinagre, el bicarbonato, el jabón natural y los aceites esenciales serán tus grandes aliados.

¡A moverse con ganas! Tirarse en el sofá no quema calorías, pero barrer, pasar el trapo, quitar el polvo de los armarios altos, guardar ropa en los cajones y sacudir los almohadones, sí. No subestimes el deporte doméstico.

Aprovechar la tecnología, que cada vez nos ayuda más en el hogar. Sea aspiradora, un robot limpiavidrios o barredoras eléctricas, elijamos instrumentos que nos lo hagan más fácil.

Darse una recompensa. Ningún té o infusión te gustará más que después de una jornada de cleanfulness contemplando el trabajo bien hecho y disfrutando de esa sensación de orgullo y bienestar.

Ser paciente. Al igual que toda semilla requiere un tiempo para brotar, no podemos modificar en poco tiempo lo que lleva meses o años de desorden en casa. La constancia lo hará.

at Redacción Mía

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