miércoles 25 de noviembre de 2020
SALUD | 20-11-2020 08:15

Angustia: Cuando nos falta el aire

Este estado, que quizá sentimos con frecuencia durante la cuarentena, puede ponerse bajo control mediante sencillos y efectivos ejercicios de respiración.

Es común la relación entre angustia y falta de aire, de hecho, el concepto mismo de angustia procede del término angor, que hace referencia a algo que es angosto o estrecho.

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Esta sensación de falta de aire cuando se vivencia la angustia recibe el nombre de disnea psíquica, que, a diferencia de la disnea orgánica, su etiología no está vinculada a una enfermedad cardiovascular o respiratoria, sino a expresiones psicosomáticas.

La disnea psíquica es un término clínico que describe la sensación subjetiva de la dificultad para respirar y comprende tres síntomas fundamentales: la respiración entrecortada, el aumento de la frecuencia respiratoria y principalmente la hiperventilación, provocando un estado de miedo y ansiedad muy intenso en el paciente que lo experimenta.

Angustia: Cuando nos falta el aire

Por qué se produce:

La angustia es uno de los estados emocionales más experimentados y está vinculada a situaciones de desesperanza, sensaciones de anticipación de peligro, amenazas y sobre todo a pérdidas.

La angustia es un estado difuso y complejo que involucra tanto repercusiones orgánicas como psíquicas. Las repercusiones orgánicas de la angustia evidencian alteraciones fisiológicas como taquicardia, palpitaciones, sensación de bolo esofágico, dispepsia, pesadez, mareo, sudoración.

Las repercusiones psíquicas implican sensación de ahogo, opresión, falta de aire: “cuando estoy angustiado se me cierra todo”.

Cómo tratarla:

Desde la psicología se trabaja en el entrenamiento de la respiración diafragmática. Cuando este músculo se utiliza, se consigue una respiración lenta y uniforme que relaja y alivia la ansiedad y el miedo que genera la dificultad para respirar.

Es clave ubicarse en una posición cómoda e intentar relajarse en el ejercicio, aliviar la tensión en los músculos permitirá que los pulmones se expandan y aumente la capacidad respiratoria.

Se coloca una mano en el pecho y otra sobre el estómago, se inhala por la nariz bien profundo, que el estómago se infle al entrar el aire en los pulmones. Repetir hasta sentirse relajado y con el patrón normal de respiración. Cuando la persona logra adquirir dominio sobre su respiración, siente tranquilidad y pierde el miedo a la sensación subjetiva de falta de aire.

at Redacción Mía

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