martes 4 de octubre de 2022
SALUD | 24-02-2022 09:46

Cómo tratar los callos en los pies

Se trata del endurecimiento de la piel donde hay un exceso de fricción. La consulta al podólogo es la mejor forma de evitarlos y combatirlos.

Son engrosamientos o bultos de piel endurecida que se forman como un mecanismo de defensa de esta en la zona donde hay un exceso de fricción o presión. Cuando se produce un roce constante en el pie, ya sea por un punto de prominencia ósea o bien por un calzado o pisada inadecuada, la piel reacciona formando más queratina (hiperqueratosis) para proteger esa zona.

Los callos son más frecuentes en la parte superior o el lateral de los dedos y pueden ser dolorosos, especialmente, cuando se palpan o presionan. Está provocado generalmente por un calzado que no se ajusta bien y en muy pocas ocasiones precisa de cirugía.

Cuidar a diario de los pies y las visitas regulares al podólogo pueden ayudar a prevenirlos.

Tratamiento Solo es necesario en caso de incomodidad o dolor. El más habitual es llevar a cabo un tratamiento podológico. Este consiste en deslaminar el callo recortando o reduciendo la piel engrosada con un bisturí. Este procedimiento permite llegar a las capas más profundas, donde se encuentra la raíz del callo y extraerlo.

En ocasiones, pueden ser de ayuda determinadas sustancias -agentes queratolíticos- que ablandan, suavizan, desprenden y contribuyen a eliminar a capa superior de la piel en las zonas afectadas pero nunca deben utilizarse en casa o sin el consejo de un profesional ya que un uso inadecuado podría causar lesiones en la piel.

Prevención:

Usar zapatos cómodos y amplios. Deben disponer de suficiente espacio para los dedos de los pies y tener la horma amplia. No abusar de los tacos altos.

Cambiar de calzado con frecuencia. Esto permitirá al pie descansar y contribuirá a que los puntos de fricción y presión no sean siempre los mismos.

Optar por medias cómodas. Sobre todo, asegurarse de que no tengan costuras que puedan rozar.

Recurrir a plantillas de protección. De esta manera, se evitará que el calzado ejerza presión sobre la piel. Los separadores de dedos pueden ser útiles igualmente.

Cuidar los pies en casa. Remojarlos en agua tibia y jabonosa para ablandar los callos y callosidades. Después, limar la piel engrosada con una lima o una piedra pómez -no recomendada en caso de diabetes-. Evitar usar objetos con filo. Hidratar con frecuencia.

 

Fuente: cinfasalud.com

at Redacción Mía

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