Familia

Ser un hombre golpeado

La violencia doméstica contra hombres es un mal extendido en el mundo. Para los expertos, buscar ayuda terapéutica es esencial para escapar de un vínculo tóxico.

Durante mucho tiempo, Michael F. creyó que él tenía la culpa de que su mujer lo golpeara y le diera patadas. Ella arrojaba objetos contra él; llegó a atacarle con un martillo, una sierra y unas tijeras, y vació sobre su cabeza botellas y ceniceros. “Al principio me preguntaba qué había hecho mal. Después, expulsé todo de mi consciencia y me aferré a los momentos bonitos”, relata este hombre de 42 años.

La violencia doméstica contra hombres sigue siendo un tema tabú, a pesar de que un estudio del Instituto Robert Koch de Berlín llegó a la conclusión de que el número de hombres que son víctimas de violencia física por parte de sus parejas es casi igual que el de las mujeres.

“En términos generales, el tema violencia doméstica está sometido a un gran tabú. Y en el caso de los hombres la sensación de vergüenza es aún mayor, porque recibir golpes no es algo que se considere compatible con el papel masculino”, dice la psicoterapeuta alemana Christa Roth-Sackenheim.

Hace dos años, Michael F. se separó de su esposa y buscó la ayuda de un psicoterapeuta. Hoy ya puede hablar abiertamente sobre sus sufrimientos. Conoció a su mujer en 2005. La pareja se casó poco después. Desde el principio, ella lo atacó una y otra vez, inicialmente sólo de manera verbal. Cuando juntos celebraron por primera vez la Navidad, ella usó la violencia contra él. “Pensé que no volvería a ocurrir”, dijo.

Sin embargo, las agresiones aisladas son muy raras: quien utiliza la violencia por primera vez rebasa una frontera, y generalmente ya no retrocede.

Muchas veces las víctimas son hombres que quieren comportarse correctamente. Muchos de ellos asumen la culpa por la conducta de su pareja. “El mismo fenómeno se puede observar entre las mujeres que han sido golpeadas”, explica Roth-Sackenheim.

La esposa de Michael F. se fue volviendo cada vez más violenta durante su relación matrimonial. Incluso llegó a golpearlo con un martillo en la cabeza. Durante el Carnaval 2011, le pegó con un mango de madera a su marido tendido en el suelo. Le rompió un pómulo y le hirió en un ojo y tuvo que ser hospitalizado.

Los estallidos de violencia de su mujer no sólo le causaron daños físicos y psicológicos, sino que también tuvieron graves consecuencias en los demás ámbitos de su vida. Michael aseguró que no hablaba con nadie de lo que le pasaba; se fue aislando de su familia y perdió a sus amigos.

Finalmente, en enero de 2012 logró con gran dificultad liberarse de su martirio. Su mujer todavía escondía su dinero y sus documentos, por lo que no podía abandonar la casa. Después de algunas querellas logró recuperar sus propiedades y alquiló una vivienda. Lo que finalmente le ayudó fue una terapia.

“Los hombres afectados también pueden recurrir a nosotros”, dice una portavoz de Anillo Blanco, un centro de atención a víctimas de violencia doméstica en la ciudad alemana de Maguncia. También la psicoterapeuta Roth-Sackenheim recomienda a los hombres que busquen ayuda profesional. “No deberían acudir a sus amigos en el bar, sino a un grupo de autoayuda o a un terapeuta”, afirma.

Si después de uno o dos años no cambia la situación, pese a las promesas de la pareja, lo mejor es poner fin a la relación. La víctima de ninguna manera debe adaptarse e intentar convencerse, por ejemplo, de que basta con reconocer las señales del siguiente estallido de violencia para poder controlar la situación, porque ello implicaría que el hombre “organiza toda su vida en función del trastorno de su pareja”, advierte Roth-Sackenheim.

FUENTE: dpa

11 de marzo de 2014

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