Jardín y mascotas

Con el perfume de las fresias

Alegres y coloridas, le dan vida a los jardines y balcones de primavera. Además, son una de las primeras especies en florecer.

Secretos de una flor alegre y colorida.

Originaria de África del Sur, supo ganarse muchos adeptos por sus especies provenientes de Holanda, que son los ejemplares más vistoso y reconocidos en todo el mundo.

Hoy se pueden encontrar en una gran variedad de colores, como rojo, azul, amarillo, crema, violeta y blanca, incluyendo también las que vienen en dos tonos, siempre con un perfume exquisito y duradero.

Esta especie se multiplica por semilla y por bulbo y se recomienda sembrar en semilleros hacia fines del invierno. Igualmente, si no se tiene mucha paciencia para esperar, en los viveros se pueden conseguir plantas bien formadas, siendo aconsejable adquirirlas con las flores en pimpollos para luego trasplantarlas formando un macizo.

En cuanto a su plantación -ya sea en el suelo, en macetas o canteros- las fresias no deben colocarse al sol, sino a una media sombra, en un lugar donde haya suficiente sol, pero no tanto como para quemarlas. Se debe tener en cuenta que la temperatura y la intensidad de la luz son las que regulan la floración, que se produce unas ocho semanas tras la plantación y garantizan un crecimiento adecuado.

Para que crezcan vigorosas, se recomienda usar tierra negra mezclada con un buen abono orgánico, que contenga humus, estiércol, entre otros nutrientes. Mantener un riego constante cada dos o tres días hasta que brote y florezca, para luego regar en forma más espaciada. De esta manera los pequeños plantines de fresias se convierten en plantas vigorosas que llegan alcanzar de 30 a 50 cm de altura, con hojas estrechas, de largo variados y un color de verde oscuro a pálido, según la variedad.

Por último, si se quiere armar un ramo de fresias para perfumar un ambiente o hacer un regalo, se las debe cortar cuando la primera flor -ubicada en la parte inferior de la vara- esté semiabierta, ya que el resto se abrirá una vez cortada. De esta manera, la fresia se conservará en mejores condiciones por más tiempo.

Comprar bulbos puede ser una buena inversión a largo plazo, ya que las fresias aportarán color al jardín durante varios años. Para plantarlos, hay que cavar un hoyo del tamaño del bulbo, con una distancia similar entre ellos para que puedan crecer nuevas raíces. Además, conviene poner una vara al lado de cada bulbo para facilitar que la planta crezca en forma vigorosa.

Cuando la fresia se seque y la tierra no tenga más humedad, se deben recolectar los bulbos para replantar al año siguiente. Es importante dejarlos reposar al aire libre y luego guardarlos en papel con trozos de carbón vegetal, sacarles la tierra y separarlos por colores, para así evitar que se mezclen en las próximas temporadas. De lo contrario, irán adaptando con el paso del tiempo un tono anaranjado.

Asesoró: Eduardo Bracho. Jardinero y diseñador floral de la Fiesta nacional de la Flor.

 

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