Salud

Lácteos: bajo consumo, alto impacto

En el país de las vacas, el consumo lácteo cada vez es más deficiente. Un estudio dejó en evidencia que se trata de una cuestión cultural que se debe revertir para lograr una población sana y en condiciones de satisfacer la demanda de calcio en las distintas etapas del crecimiento y adultez.

leche

El Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), una asociación sin fines de lucro, presentó las conclusiones de una reciente investigación epidemiológica destinada a profundizar sobre los patrones de consumo de lácteos en la población argentina en la Ciudad de Buenos Aires, Gran Buenos Aires, Córdoba, Corrientes, Chaco, Entre Ríos, Mendoza, Misiones, San Juan, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán.

Este estudio se realizó durante noviembre de 2009 y evaluó los hábitos de ingesta de una muestra de 1.137 argentinos, hombres y mujeres de entre 2 y 65 años, segmentados por rango etáreo, sexo y nivel socioeconómico respecto del consumo de leche, yogures, quesos y otros productos lácteos.

Más allá del período de lactancia, la leche de vaca y sus derivados han formado parte de la alimentación del hombre desde etapas muy antiguas de nuestra historia. Las Guías Alimentarias, contrariamente a las propuestas de muchos naturalistas, recomiendan consumir diariamente dos porciones de lácteos (entre leche, yogur y quesos) para los adultos y tres porciones para niños, adolescentes, mujeres embarazadas y en período de lactancia.

Los resultados de esta investigación demostraron que 2 de cada 3 adultos no cumplen con la recomendación de dos porciones diarias de lácteos (65% del grupo entre 19 y 30 años y 69 % del grupo entre 31 y 65 años) y que en los adolescentes, 9 de cada 10 (87%) no alcanzan la recomendación de 3 porciones por día, al igual que el 72 % de los escolares (5 a 12 años). El descenso más marcado del hábito de consumo lácteo se observa entre la infancia y la adolescencia, precisamente el momento en el que las necesidades son mayores para satisfacer la demanda de calcio por el hueso en crecimiento.

El Dr. Esteban Carmuega, médico pediatra y Director del CESNI, explicó que ya que una alimentación saludable se construye a partir de la conformación temprana de hábitos y por ello el promover el consumo de lácteos en las diferentes etapas de la vida contribuye a alcanzar las porciones recomendadas.

“Los beneficios para la salud asociados al consumo de calcio y de lácteos han sido objeto de investigación en las pasadas dos décadas. Hoy existe evidencia que más allá de su aporte en calcio –que es esencial para el crecimiento de una estructura ósea saludable- su consumo regular se asocia a un mejor crecimiento, la velocidad del crecimiento puberal, mejor control de la presión arterial, de complicaciones del embarazo como la toxemia gravídica y posiblemente una disminución del riesgo de sobrepeso y la obesidad”, agregó el Dr. Carmuega.

“A pesar de ser derivados de la leche, la manteca, la crema, la leche condensada y el dulce de leche se encuentran fuera del grupo de los lácteos por su elevado aporte de grasas, azúcar y calorías. Por lo tanto, deben ser consumidos con moderación”, enfatizó Zapata, Licenciada en Nutrición e Investigadora de CESNI.

“Existe amplia evidencia científica de los beneficios del consumo de lácteos durante la juventud y adultez, que por ser ricos en calcio, contribuyen en la prevención de la fragilidad ósea”, refirió la Licenciada Zapata. “El calcio es el único nutriente cuya deficiencia principal se manifiesta en la pérdida de sus reservas, que se encuentran en los huesos. Al disminuir el contenido de calcio en los huesos, éstos se tornan más frágiles y -especialmente en la tercera edad- con mayor riesgo de fracturas. Esa particularidad hace que el objetivo sea acumular la mayor cantidad de reserva ósea en el período de mayor crecimiento longitudinal. El momento de mayor incorporación de calcio en el organismo empieza en la adolescencia y se mantiene en la vida adulta; paradójicamente, coincide con el período en el cual se evidencia un descenso abrupto en la ingesta de lácteos”.

El esqueleto del recién nacido tiene 25 g de calcio, mientras que el de una mujer adulta, alrededor de 1 kg. Esta diferencia en la composición ósea refleja la cantidad de calcio que debe ser absorbida de la dieta durante la etapa de crecimiento. Si no se hace, las reservas disminuyen, aumenta el riesgo de fracturas y de osteoporosis durante toda la vida y el riesgo de padecer otras enfermedades crónicas. Los lácteos aportan muchos otros factores beneficiosos para la salud humana como las proteínas y péptidos con actividad biológica.

“La mitad del calcio lácteo se consume en el desayuno y en la merienda, como leches y yogures; cerca de un tercio en almuerzo y cena en forma de quesos, y el 20 por ciento restante, entre comidas. De allí la importancia de promover desayunos, meriendas y colaciones saludables incorporando lácteos no solo en la población infantil sino también en la adulta”, completó la Lic. Zapata. Por lo tanto, una buena colación entre comidas puede ser una porción de queso (el tamaño de los viejos casete de audio), ya sea sólo o en sandwich, y por qué no incluir como postre el tradicional queso y dulce.

Equivalencias

Las cantidades necesarias equivalentes al contenido de calcio de un vaso de leche o yogur pueden equipararse con tres brócolis, 110 g de almendras, media lata de sardinas o 36 cucharas de sésamo. Aunque son equivalentes en la cantidad de calcio, su absorción es mucho menor. Algunos pocos alimentos como algunos vegetales de hoja, frutas secas y pescados que se comen con sus espinas son también fuentes de calcio. Es bueno incluirlos como parte de una dieta saludable, pero es muy difícil poder alcanzar los valores de ingesta necesarios a través de ellos. Por lo tanto, el calcio no lácteo debe ser un complemento del que se consume de la leche y sus derivados.

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