Salud

Cómo evitar los molestos olvidos cotidianos

¿Dónde están las llaves? ¿Qué es lo que tenía que hacer? ¿Para qué vine al dormitorio? No se preocupen: tiene solución y es un mal de la modernidad.

Perder cosas y, sobre todo, perder tiempo buscándolas, es exasperante. A tal punto, que termina generando preocupación y frases como “estoy muy mal de la cabeza”. Esta situación ocurre en todas las generaciones, de jóvenes a mayores, y según un artículo publicado en el Wall Street Journal, los olvidos menores son comunes en todas las edades y, en parte, los genes son los responsables.
Se consideran olvidos menores a no recordar dónde se dejaron los anteojos hace 10 minutos, por qué se fue hacia la cocina o para qué se había tomado la lapicera. No importa si ocurren todos los días o de vez en cuando. ¿Todos creen que tienen un origen genético?
Algunos especialistas no están de acuerdo y aseguran que las raíces son históricas, ya que la gente, antiguamente, tenía en promedio muchas menos cosas de las que ocuparse.
Hoy en día, todos tienen miles de objetos en sus casas y varias tareas que hacer al mismo tiempo, lo que lleva a que todo sea un poco más complejo. Además, se multiplicaron las interrupciones. Uno está haciendo algo y de pronto suena el timbre, el teléfono, el alerta de whatssap, facebook o twitter: “Antes de pararme, tenía los anteojos en la mano, y ahora ¿dónde están?”. Es un ejemplo cotidiano en el que uno suelta el objeto mientras está leyendo un mensaje de texto en el teléfono, con lo cual, la atención no está enfocada en el objeto que queda en el olvido.

¿Tiene solución?

Una posible solución para evitar estas mini-búsquedas de todos los días es prestar especial atención a los movimientos de rutina. Por ejemplo: no poner la atención en cerrar la puerta con llave (que es un hecho automático) sino en dónde se dejan las llaves para que la mente pueda “tomar esa foto”. Lo mismo para cada acción del día: mientras se está haciendo algo, evitar que la mente se ocupe de otro tema, dejando incluso de contestar el whatssap que acaba de entrar para cuando se termine lo que se está haciendo.
De todos modos, cuando uno no encuentra por ningún lado el celular o los anteojos, no hay que desesperar. Si nos desesperamos, no podemos pensar. En ese caso, hay que imaginar un letrero que dice bien grande “PARE”, respirar hondo y tomarse una pausa.
A veces, cuando no se puede hacer memoria, sirve preguntarse: si dejara ahora las llaves o el celular en alguna parte, ¿dónde los pondría? También existen otros métodos que tal vez resulten conocidos por las series policiales. A veces, la policía quiere que
un testigo recuerde lo que vio e intenta ayudarlo a hacer memoria alentándolo a cerrar los ojos, relajarse y entrar en un estado de meditación en el que pueda recuperar las imágenes. Es difícil decir cuánto podría llegar a ayudar ese método para recuperar objetos en el día a día, pero la capacidad de recordar por esa vía la tenemos todos.
Otra recomendación para no vernos con tanta frecuencia haciendo el intento vano de recordar dónde dejamos un objeto es tratar de poner las cosas siempre en el mismo lugar, y, en algún lugar que tenga sentido.

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