Sociedad

Cómo reducir el nivel de estrés en los viajes de trabajo

A la hora de planear el viaje conviene hacerlo, en lo posible, a contramano.

Por Henrike Mielke y Amelie Breitenhuber (especial de la agencia DPA)

De un avión al otro: un día aquí, mañana allá. Si bien suena glamoroso, para muchos empleados los viajes de trabajo pueden representar un estrés importante.

Un viaje de trabajo no empieza, en la regla, en el momento en que el empleado se sube al auto, tren o avión. Un viaje de trabajo también consume mucho tiempo previo y posterior.

Por eso mismo, quienes se ven obligados a viajar seguido deberían acortar en lo posible sus periodos de viaje o acoplarlos. Es decir: cuando se puede, conviene combinar fechas y aprovechar las sinergias.

Viajar a contramano: evitar trenes y calles llenos

A la hora de planear el viaje conviene hacerlo, en lo posible, a contramano. Lo mejor es no ponerse en marcha el lunes por la mañana con todo el mundo sino apostar a días y momentos más tranquilos en el transporte y en las calles. Esto, de acuerdo con los especialistas, reduce el estrés, permite perder menos tiempo y muchas veces reduce también los costos.

Si, por un proyecto determinado, hay que recorrer siempre el mismo tramo por semanas o meses, lo ideal es encontrar una fórmula que funcione y repetirla. Es decir: usar siempre la misma conexión, el mismo hotel y terminar pagando lo mismo. Si bien suena aburrido, evita perder tiempo en la planificación de cada viaje y facilita la llegada al lugar.

Así y todo, ni el mejor de los preparativos evita a los viajeros lo inesperado, ya sea una tormenta que paralice el tránsito o vuelos cancelados por huelgas. En ese caso, los empleados no deberían sentirse culpables ya que son factores que no dependen de ellos. Esto también puede ayudar a no preocuparse de más y a aceptar la situación y recurrir a un plan B.

En caso de retraso hay premio

Hay asesores que recomiendan un truco psicológico para casos extremos, como cuando todos los vuelos están cancelados o se terminó varado en un caos de tránsito: darse un premio. Este puede ser desde un café especial que no se suele comprar por lo caro hasta ver en el teléfono móvil un capítulo de la serie favorita.

En el caso de los gerentes bien pagos, este tipo de viajes intensos con varios factores estresantes se ven compensados por el sueldo. Pero en el caso de los empleados rasos la cosa es distinta. Muchas cosas no están reguladas de forma clara.

Por eso, para los expertos, lo ideal es aclarar algunas cosas con el empleador de antemano, como por ejemplo: ¿si el empleado viaja en auto, ese tiempo de viaje se computa como tiempo de trabajo, ya que es él mismo quien debe conducir? ¿Y qué pasa si se viaja en tren o avión?

Eliminar factores de inseguridad

Si se viaja a un lugar en el que se habla un idioma ajeno, con medios de transporte poco familiares o culturas muy distintas, se puede reducir el nivel de estrés eligiendo bien el alojamiento. En estos casos, por ejemplo, lo ideal es un un hotel que forme parte de una cadena reconocida. Esto puede sonar aburrido, pero evita sorpresas desagradables.

Por lo demás, la regla debería ser siempre que el alojamiento quede cerca de la red de transporte y de sus combinaciones para que quien hace un viaje de negocios llegue rápido a la estación o al aeropuerto. O reservar una habitación que quede cerca del cliente para no tener que sufrir con el tránsito el día de la cita de negocios.

Por otra parte, los tiempos muertos en los viajes de negocios son útiles para completar tareas que se pueden resolver en cinco a diez minutos sin un nivel alto de concentración. Mientras se viaja en tren, por ejemplo, se pueden sumar los tickets de gastos que habrá que rendir al empleador, retocar el diseño de una presentación o leer la correspondencia navideña.

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