Jardín y mascotas

Intrusos de verano

Es natural que su sola presencia nos preocupe, pues afectan gravemente la salud de los animales, llegando a provocarles heridas, infecciones, anemias e incluso transmitirles enfermedades, muchas de las cuales afectan también a nuestra familia, ya que las pulgas y garrapatas pueden picar también a las personas, aunque esto no sea lo más habitual.
Las pulgas son pequeñas y pueden saltar, lo cual hace difícil su detección a simple vista. El síntoma más común es el rascado intenso. Para alimentarse, esparcen su saliva, que evita que la sangre se coagule, esto causa cuadros de alergia agravando la picazón y el estrés en los animales afectados.
Cada pulga puede poner entre 40 a 50 huevos por día y más de 600 a lo largo de su vida. Por eso podemos pasar de tener una a miles en la casa.

Se mantienen latentes dentro de un capullo hasta que señales como la temperatura, la humedad, las vibraciones o los gases que eliminamos con la respiración, las despiertan.

Ciertos animales desarrollan alergias a la picadura de pulga y sufren de una dermatitis que les genera mucha picazón y estrés.

Al igual que las garrapatas, las pulgas son transmisores de enfermedades por eso es importante eliminarlas y evitar que piquen a las mascotas.

Las adultas viven toda su vida picando, pero los huevos, larvas y pupas viven en el ambiente y representan el “verdadero” problema al momento de erradicarlas.

Las garrapatas son arácnidos, de la misma familia de las arañas, no vuelan ni saltan sino que aprovechan la oportunidad para tomar contacto con el perro y, en casos más eventuales, los gatos o las personas. Se alimentan de sangre y durante su vida maduran en 4 etapas: el huevo del que sale una

larva, que luego se hace ninfa y por último adulto. Suben al animal para alimentarse y bajan al suelo para madurar al siguiente estadio.

Lo sorprendente de las garrapatas, es que cada hembra pone en el suelo más de 3.000 huevos. Al bajar y subir del animal al suelo y viceversa, aumentan las probabilidades de transmisión de enfermedades, ya que pueden picar al mismo animal o a uno nuevo. Además, son muy longevas y pueden quedarse latentes, esperando condiciones ambientales ideales para entrar en acción. Son fáciles de detectar por su tamaño, principalmente en las orejas y axilas y se adhieren firmemente a la piel para alimentarse, por eso no se recomienda arrancarlas, ya que puede lastimarse aún más al animal.

Si te vas de vacaciones con la mascota, al regresar deberás desinfectar la casa, ya que al no estar el animal, estos parásitos pueden extenderse por toda la casa y reproducirse en sitios cálidos como alfombras, mantas, almohadas, que reemplazan al pelo del perro o gato.

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