Salud

Hormonas de juventud

Nadie puede negar que los cuidados externos, hábitos y la disciplina en rutinas con dermocosméticos de última generación son muy importantes para el bue aspecto de la piel. No obstante, por ser ésta un órgano hormonodependiente, en muchas ocasiones un problema dérmico puede esconder un trastorno de índole hormonal, ya sea benigno o bien producto de una enfermedad que deba ser detectada y tratada. De hecho, ellas son las responsables de que, por ejemplo, a una mujer en sus veinte años le aumente la oleosidad del rostro, y que a medida que las hormonas estrógenos (que favorecen la renovación de las células y estimulan la síntesis de colágeno y elastina) disminuyen, se acelere el proceso de envejecimiento cutáneo.

Asi, entre otras tantas características, las hormonas tienen incidencia sobre el nivel de grasitud, sensibilidad, grosor y coloración de nuestra piel.

Existen tres hormonas que están relacionas con los procesos de antienvejecimiento.

DHEA (de hidro epl androsterona): es generada por la corteza de las glándulas suprarrenales. Estas glándulas producen unos 30 mg de DHEA diariamente en los hombres y la mitad de esa cantidad en las mujeres, aunque los porcentajes varían notablemente según la edad. Desde el nacimiento, la DHEA sigue varios ciclos hasta alcanzar su punto máximo alrededor de los 20 años. A partir de ese momento comienza a declinar quedando tan solo el 10% y el 15% a los 80 años.

Somatototrofina: también llamada hormona de crecimiento, es segregada por la adenohipófisis.  Interviene en el crecimiento de los tejidos, provoca el aumento del volumen de las células y favorece su reproducción.

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