Familia

La trampa de suponer

Es uno de los peores caminos cuando vamos hacia una decisión o hacemos un juicio de alguien. Es, sin duda, la base de los celos enfermizos.

Si los demás nos dicen algo, hacemos suposiciones y si no nos dicen nada, también. Si oímos algo y no lo entendemos, hacemos suposiciones sobre lo que significa y después, creemos en ellas. Hacemos todo tipo de suposiciones porque no tenemos el valor de preguntar ¿Por qué suponemos? ¿Por qué opinamos o actuamos sin tener pruebas?

En el acto de suponer, las teorías se apoyan en nuestras convicciones y éstan en los juicios que hemos adoptado a lo largo de nuestras vidas. Si predecimos que algo va  a ocurrir, habitualmente nos basamos en experiencias previas que, en algunos casos, nos tienen atrapados.

Presumo, luego chequeo

Conjeturamos que determinada meta será muy difícil de conseguir, que esa amiga no podrá ayudarnos o que nuestro problemas no tiene solución. Cuando suponemos algo sin consultar a los que podemos afectar, de buena o de mala manera, lo hacemos desde nuestras convicciones. Esto suele generar la ilusión de que estamos interactuando con ellos, pero en realidad lo hacemos con nosotros mismos. Por eso, considerar que alguien no puede ayudarnos, sin consultarle, es no darle la chance de que pueda aportarnos algo que nos facilite solucionar nuestro problema

Cuando se tiene la valentía de presentar para aclarar malos entendidos, se soluciona la situación de raíz y dejamos de hacernos “historias” que no son reales. No somos responsables por lo que sentimos cuando algo sale mal o pasa por un mal entendido, pero si de lo que hacemos con esto que sentimos y de cómo lo gestionamos.

El objetivo es dejar de lado la hipótesis que solo forman parte de nuestro mundo y no de quien supuestamente nos ha fallado.

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