Moda y belleza

Cómo cuidar la piel después del verano

Tras el cambio de temporada más agresivo para la piel, es el momento de corregir la extrema sequedad, recuperar firmeza y luz, borrar manchas y darle una nueva vida a la piel.

El fin del verano es el momento perfecto para tratar la piel en profundidad, ya que es una etapa de transición: tanto el cuerpo como el rostro vienen de sufrir agresiones por las reiteradas exposiciones a los agentes externos y, si no se han tomado los recaudos y cuidados necesarios durante la estación estival, es el momento de poner manos a la obra y reparar el daño ocasionado.

Después de las vacaciones y durante el otoño, nuestra piel luce reseca, deshidratada, sin brillo y luminosidad. Aparecen manchas, los vasos capilares se vuelven más notorio  –telangiectasias-, el cutis está más vulnerable y congestivo. Se marcan las arrugas y se hace evidente la falta de elasticidad y tensión. Por eso es importante llevar hábitos saludables de alimentación, consumir un mínimos de 2 litros de agua por día.

En esta instancia en cuando vale recordar que el envejecimiento es un evento natural que no pude evitarse; va más allá de lo estético y puede comprometer seriamente la salud de la piel.

La mayor exposición de la piel al sol y, por lo tanto, la posibilidad de daño también aumenta de manera considerable durante el verano.

El exceso de calor empeora el envejecimiento y la congestión es mayor en las pieles sensibles y reactivas. Por lo que es recomendable no exponer la piel a altas temperaturas.( es aconsejable no tomar sol de las 11 a las 16).

Es importante saber que el gesto del entrecejo y las patas de gallo son arrugas dinámicas dado que se producen por contracción muscular. No empeoran por la exposición al sol, pero si no se usa una adecuada protección solar, se marcan mucho más.

En cuanto al origen, si bien buena parte de la culpa del envejecimiento cutáneo viene marcada por el ritmo del reloj biológico, el deterioro metabólico y la herencia genética, no debemos olvidar los distintos agentes externos como las radiaciones solares, la contaminación medioambiental, los hábitos alimenticios, el consumo de alcohol, el tabaco o el estrés, que, sin duda influyen en la salud de nuestra piel.

La deshidratación, la aparición de arrugas de expresión, de pequeñas manchas color café en zonas como el rostro, el cuello, el escote o las manos son los síntomas de alerta para comenzar a tomar conciencia de la importancia de cuidarnos.

Es importante limpiar el rostro antes de acostarse para eliminar las células muertas mejorando la oxigenación, generado así la formación de nuevas células, colocar alguna crema facial por la mañana y por la noche y utilizar mascarillas hidratantes dos veces a la semana. El aloe vera es una muy buena opción para mantener la hidratación de la piel.

 

 

 

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