Salud

Expectativas de año nuevo

Tiempo de balances en el que aparece la ilusión del porvenir y la desilusión de lo que no se consiguió. Para evitar ese círculo vicioso, podemos empezar 2017 prestando atención a lo que deseamos y mejorando el camino a su realización.

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Decía Khalil Gibran: “Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes”. En la vida van apareciendo deseos, objetivos, visiones que queremos alcanzar, algunos los logramos, otros se diluyen y otros sencillamente se tornan inalcanzables. Pero a fin de año, el balance, asoman las nuevas expectativas y aparece la desilución de lo generado por las del año pasado.
Las expectativas actúan como una ilusión, como el motor para alcanzar una meta: sin expectativas, el objetivo no tiene demasiada importancia. Son malas compañeras de viaje cuando resultan fuente de angustia. Una expectativa es el fruto de nuestro propio juicio interior, que está basado en creencias. Es por eso que toda esa arquitectura armada por nosotros mismos, se nos cae encima en forma de dolor y decepción, produciéndonos frustraciones.
A veces, culpamos a los demás de nuestros malos resultados, es por eso que las expectativas suelen victimizar a todos. Probablemente, descargaremos en los otros, sentimientos de angustia, enojo o bronca. Vamos por la vida esperando que padres, madres, hijos, maestros, etc., cumplan con nuestras expectativas y, de esta forma, nos predisponemos mal para afianzar con ellos las relaciones, dado que nos vamos resintiendo cada vez más a medida que las cosas no pasan como queremos que pasen, o pasan, pero no de la manera que queremos.

Camino a la desilusión
La brecha entre lo que esperamos y lo que nos pasa está ocupada por una necesidad de que algo ocurra de determinada manera o no y de nuestro juicio dependerá cómo nos sentiremos. Si sentimos que rara vez se cumplen, ¿será porque nuestras expectativas nos juegan en contra?
Si tenemos la creencia de que son motores que nos ayudan a alcanzar nuestras metas o confiar en la gente, probablemente le vamos a poner expectativas a todo. Sin embargo, muchas veces no tenemos expectativas, sino que son ellas las que nos tienen y hacen con nosotros lo que les permitamos que hagan, como causarnos pena, desánimo o cualquier cosa que nos haga sentir dolor.
Muchas veces las confundimos con confianza, pero en realidad la expectativa está más ligada al control que a la confianza, que de por sí suele ser más liberadora. Si confiamos de verdad, el control disminuye, cosa que no ocurre con las expectativas, donde puede ocurrir que, paso a paso, estemos chequeando qué es lo que está pasando y de qué manera.
Son muchas las emociones que se disparan cuando alguna expectativa no se cumple, hay un entramado dentro nuestro que produce emociones mezcladas que, en la mayoría de los casos, no nos dejan ver de quién es la responsabilidad de tales expectativas.
Distinguir que no siempre es bueno que nos llenemos de expectativas determinará el cese de padecimientos que sufrimos a lo largo de nuestras vidas.
Confiar en el futuro nos puede poner a salvo de muchos desengaños con personas y situaciones. Admitir que algo nos ha decepcionado significa aceptar que de alguna manera esperábamos algo que no ha ocurrido o que ha ocurrido de manera diferente de lo que nos esperábamos.
Significa también reconocer que habíamos emitido un juicio personal más o menos positivo, aceptable o correcto, de acuerdo con esa persona, o su comportamiento.

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