Cocina

ALIMENTACIÓN CONSCIENTE | Bacterias anticáncer

Todos, sin esperar a padecer un cáncer u otra enfermedad grave, podemos hacer mucho desde las buenas elecciones vinculadas a nuestros hábitos alimentarios. Qué son, para qué sirven y dónde se encuentran los pre y probióticos.

Probioticos.

Nuestro organismo aloja a millones de bacterias que cumplen funciones esenciales, y se requiere de su equilibrio para la mejor manifestación de la salud. Conocidas como el microbioma humano, se alojan en las mucosas (nariz, boca, pulmones, vías urinarias, tubo digestivo) y mayormente en el intestino, formando la flora intestinal fundamental para la síntesis de vitaminas así como para el buen funcionamiento inmunitario.

Se ha calculado que habría más de 1.000 especies que conforman la diversidad de estos huéspedes, y que su composición proporcional puede variar muchísimo en función de la alimentación, los medicamentos, el medio ambiente e incluso la situación geográfica, a punto tal que hay un grupo de científicos que está abocado a trazar el perfil del microbioma argentino.

Un equilibrio de la flora bacteriana es también una gran aliada en la prevención del cáncer y asegura una mejor respuesta a los diferentes tratamientos alopáticos o naturales cuando ya se padece. La prestigiosa revista Science publicó un trabajo coordinado por Marie Vetizou, del Instituto Gustave Roussy de París, en el cual pudo apreciarse cómo la inmunoterapia funciona mejor cuando el intestino está libre de patógenos bacterianos. También se observó que el consumo de antibióticos (que destruyen tanto la flora intestinal deseable como la indeseable) boicotea el efecto antitumoral de algunos medicamentos. Esto abre las puertas a la necesidad de realizar estudios serios en relación a sustancias naturales que, en muchos casos, podrían reemplazarlos con éxito como el propóleo, la uña de gato, el limón o la plata coloidal.

La buena noticia que dejaron los estudios es que el buen funcionamiento inmunológico y la eficacia de los tratamientos volvió a la normalidad cuando se restauró la proporción saludable de las bacterias. Todos, sin esperar a padecer un cáncer u otra enfermedad grave, podemos hacer mucho desde las buenas elecciones vinculadas a nuestros hábitos alimentarios: los alimentos fermentados, las frutas y hortalizas ricas en fibra y algunos nutrientes específicos son los indicados para este propósito.

La elección de alimentos y complementos ricos en pre y probióticos ha sido también reconocida como una valiosa estrategia saludable para ayudar a prevenir y combatir el cáncer; fundamentalmente esto ocurre porque ayudan a estimular la inmunidad natural y favorecen el control de sustancias procarcinógenas en el organismo.

Probióticos

Algunas bacterias beneficiosas presentes en los alimentos fermentados ya son muy conocidas: los lactobacillus acidophilus y bifidus que ayudan a prevenir trastornos como el intestino irritable o colon agrandado. Los alimentos, conocidos como probióticos, que los aportan son los lácteos fermentados, el kefir (que en lugar de leche puede hacerse con agua para quienes prefieren evitar los lácteos), el miso (pasta de soja fermentada), la salsa de soja, el chucrut, los vegetales encurtidos, el té de kombucha y algunos suplementos nutricionales.

Prebióticos

Se trata de ingredientes no digeribles que favorecen el crecimiento y la actividad de la microbiota, en especial los lactobacilus. Entre los más conocidos y utilizados por la industria alimentaria se encuentran los fructooligosácaridos (FOS) y la inulina que suelen utilizarse en los alimentos funcionales y que podemos encontrar en forma natural en banana, cebolla, achicoria, ajo, espárrago o cebada. Un uso adicional de los FOS es su capacidad de ayudar a controlar infecciones intestinales causadas por algunas levaduras como la Candida albicans y que actúan generando una gran disrupción en la salud en general, especialmente en el funcionamiento inmunológico.

A la cocina

Sopa de miso vegana

Ingredientes
3 cucharadas de miso de fermentación natural. 40 g de pasta de arroz integral. 1 litro de agua. Jengibre a gusto. 1 cucharada de levadura de cerveza nutricional. 1 cucharada de alga wakame.

Preparación

Cocinar la pasta y reservar. Disolver el miso en un bol con un poco de agua no muy caliente. Cocinar el wakame en un litro de agua a fuego medio alto, durante 5 minutos y retirar del fuego. Dejar enfriar un poco para que no se quemen las bacterias del miso y agregar la mezcla que tenemos en el bol, el jengibre, la levadura de cerveza y la pasta de arroz. Esta es un sopa ligera y saludable, ideal para el invierno por las cualidades termogénicas del miso y el jengibre.

Chucrut súper fácil

Ingredientes

1 repollo. 15 gramos por kilo de repollo de sal marina sin refinar o del Himalaya. Agua. Frasco de cristal.

Preparación

Retirar todas las hojas exteriores marchitas o dañadas del repollo. Cortarlo en cuartos y quitar el corazón. Picar en tiras finas del grosor de una moneda y colocarlas en un recipiente de vidrio o cerámica. Agregar la sal, revolver con una cuchara de madera y dejar reposar entre 45 minutos y 1 hora. Compactar las tiritas del repollo presionando con el puño o con la mano de un mortero, si no podemos compactar por debajo del nivel del líquido, disolver un poco de sal en cantidad suficiente de agua y agregar hasta que cubra el repollo. Cuando falten 2 o 3 dedos para llegar a la boca del frasco, poner un par de hojas enteras de repollo para que haga de aislante y colocar sobre ellas algo que haga de peso haciendo presión hacia abajo; en vez de cerrarlo con la tapa, poner una tela de tejido natural (toalla, repasador de algodón) donde pondríamos la tapa y la sujetar con una banda elástica. Mantener el frasco a temperatura ambiente pero evitando el contacto con la luz directa y dejar fermentando de 2 y 4 semanas según el clima (cuanto más días, más fuerte será su sabor). Una vez hecho, se puede mantener en la heladera tres o cuatro meses. También puede hacerse con zanahoria, rábano, manzana o pepino, condimentado con semillas de pimienta, alcaravea u hojas de laurel. Usar siempre en crudo para que no se deterioren los probióticos.

07 de septiembre de 2016

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