Familia

Los chicos y el miedo a pasar la noche fuera de casa

No es extraño que los niños manifiesten no querer quedarse a dormir en la casa de un amigo o se nieguen a ir de campamento. Cómo deben actuar los padres para transmitirles seguridad.

Guerras de almohadas, campamentos con el equipo de fútbol y viajes de egresados: la mayoría de los adultos tiene buenos recuerdos de aquellas noches que pasaron fuera de casa cuando eran niños. Por eso, la sorpresa es grande cuando los propios hijos no manifiestan entusiasmo ante la posibilidad de pasar la noche en casa de amigos.

La mayoría de los padres suele preocuparse, ya que quieren que sus hijos participen en este tipo de actividades recreacionales con sus compañeros de colegio y amigos. Si bien esta preocupación es entendible, los pedagogos advierten acerca de problematizar demasiado la cuestión, ya que en ese caso no se hace más que presionar al niño, lo que dificulta aún más la posibilidad de que quiera pasar la noche fuera de casa.

No hay que ver de inmediato un problema en el hecho de que un niño prefiera pasar la noche en su habitación. Los pedadogos creen que algunos cambios sociales tienen que ver con esto. Los padres, por ejemplo, suelen trabajar todo el día, lo que hace que los niños quieran pasar tiempo con ellos. Esto puede llevar a que prefieran pasar el fin de semana en casa en vez de ir a dormir a casa de un amiguito.

A esto se suman un aumento del nivel de estrés en la escuela, además de muchas actividades en su tiempo libre. Si a esto se le añade una noche fuera, la carga a veces se hace demasiado pesada para muchos niños. En estos casos, el “no” instintivo de un niño puede ser un síntoma saludable.

Distinto es si el niño quiere, pero no se atreve. En esos casos es bueno manejarse con cuidado, ya que cada pequeño es distinto y actúa motivado por distintas razones.

Lo importante es que los padres reduzcan sus expectativas. Frases como “pero vamos, si es genial, no seas así”, avergüenzan al niño y lo ponen bajo presión. Además, no ayuda, ya que los menores suelen, de por sí, autoexigirse demasiado.

Los psicopedagogos coinciden en que una actitud relajada de los padres es la mejor “terapia”, porque los niños perciben cómo se sienten ellos. Si notan que están preocupados por su reacción ya desde tres semanas antes del campamento escolar (“¿Funcionará?, ¿Qué hacemos si no?”), se tensionarán.

Por eso, recomiendan evaluar las propias expectativas y liberarse de ellas. Incluso si el hijo decide no irse de campamento tampoco deberían sentir que se les viene el mundo abajo.

Si un niño logra manifestar que no quiere pasar la noche fuera de casa, no debería cuestionarse su decisión. Se trata de una voluntad expresa que debería respetarse. Por otra parte, si el niño se muestra preocupado y manifiesta temor a no poder aguantar toda la noche, es importante que los padres le transmitan su confianza y lo alienten con frases como “¡Seguro lo logras!”.

En el caso de los niños pequeños, pueden ayudar a superar miedos ciertos objetos que los hagan sentir acompañados, como peluches o un chal de mamá. En el caso de los más grandes, ayuda hablar y que los menores puedan expresar sus preocupaciones: ¿Le tienen miedo a un ambiente desconocido? ¿Los incomoda no conocer bien a los padres del amigo en cuya casa se quedarán a dormir? ¿Hay mal clima en la clase?

Detrás de cada miedo puede haber motivos de lo más variados, y cuando se descubre qué le pasa al niño se lo puede ayudar mejor. Si lo que causa inseguridad es el mal clima en la clase, se puede, por ejemplo, hablar con el maestro. También pueden ayudar determinadas promesas como asegurarle al niño que se lo pasará a buscar si la pasa muy mal.

07 de enero de 2016

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