Familia

Hijos: cómo generar momentos de calidad emocional

Una especialista ofrece consejos para transformar espacios y rutinas de la vida cotidiana en circunstancias más saludables para el vínculo.

Como padres, generalmente enfocamos nuestros esfuerzos en que es lo más conveniente enseñarles a nuestros hijos; sin percatarnos de lo mucho que podemos beneficiarnos si también aprendemos de ellos.

Existen a disposición innumerables talleres, cursos, videos, libros y programas para enseñarnos a los adultos sobre atención plena para vivir más conectados con nosotros mismos y con los demás. Contamos también con disciplinas milenarias como el yoga, la meditación, la respiración, hasta la enseñanza y prácticas de mindfulness. Estamos rodeados de alternativas para aprender a vivir mejor.

¿Y qué tal si intentamos aprender algo de nuestros hijos? Los chicos naturalmente nacen con la capacidad de vivir y mirar el mundo gozándolo con atención plena. Somos los adultos quienes vamos moldeando en los chicos el vivir esclavos del tiempo, llenando las agendas de actividades y compromisos. Los cargamos de exigencias y actividades extraescolares, dejándolos sin márgenes de tiempo para disfrutar del juego libre.

Pareciera que el ritmo actual de este mundo nos hace creer que debemos profesionalizar todo. Entonces, nos parecen interesantes las tendencias a profesionalizar el juego de los niños también. Y caemos en la trampa de incluir a los chicos en ese ritmo cuando, en lugar de que se junten con amigos a jugar a la pelota, optamos por la escuela de fútbol, o cuando cambiamos las tardes de juego de disfraces y roles por talleres de gimnasia deportiva, tela, academia de circo, etcétera.

En poco tiempo, la opción recreativa se transforma en una responsabilidad agregada a la de la escuela. Horarios a cumplir, prácticas a perfeccionar, alto grado de estimulación a la competencia y un estrés final de mostrar lo aprendido en una gran actuación, frente a muchas personas.

Como padres perdemos también el foco y entramos en las corridas entre horarios de clase y actividades extraescolares. Reducimos así las posibilidades de disfrutar de momentos de calidad emocional con nuestros hijos. Muchas veces estas rutinas terminan generando la aparición de sintomatología asociada al estrés. Son frecuentes los cuadros virales o los dolores de cabeza o estómago sin causas físicas o chicos hiperestimulados a los que les cuesta estar quietos o tranquilos.

¡Pero calma! No está todo perdido. Partimos de una base de amor y de querer darles lo mejor. Como padres vamos también aprendiendo mientras enseñamos y lo mejor de esto es poder moldear nuestra flexibilidad e intentar nuevas estrategias que nos hagan ser más felices.

Una alternativa posible es comenzar a trabajar como padres para transformar momentos cotidianos en ratos emocionalmente saludables, a través de la atención plena que los chicos tienen incorporada naturalmente. La atención plena consiste en prestar atención a lo que ocurre en cada instante que se vive. También implica prestar atención a lo que ocurre en nuestro interior (pensamientos, emociones y sentimientos), dándole una mayor comprensión de lo que sucede a uno.

¿Cómo hacerlo? Esto es algo que se va ejercitando de a poco, cultivando la paciencia y acompañando el proceso, siendo consciente del impacto emocional que tiene en nuestra vida y en la de nuestro hijo.

Aquí dejo una pequeña guía de actividades posibles para lograr un tiempo de calidad emocional con nuestros hijos. Es solo cuestión de disfrutar y de encontrar espacios para practicarlo.

Disponerse para un rato de calidad: despojarse por unos minutos de todos los dispositivos tecnológicos (celular, computadora, TV, etcétera) para sentarse junto al hijo y prestarle atención al ritmo de la propia respiración.

Juego de observación: observar su juego sin juzgar, corregir, intervenir, sintiendo conciente ese momento.

Juego del proceso: al compartir una comida, una actividad posible es charlar con él sobre el recorrido que hacen los alimentos (de a uno por vez) desde su origen hasta que llegan a la mesa. Es fundamental no intervenir y escuchar muy atento lo que cada uno dice.

Juego de los sentidos: elegir un sentido (tacto, olfato, gusto, audición o vista) y enfocar la atención en él, intentando no valerse de los otros sentidos para centralizar la atención en uno por vez. Por ejemplo, oír los sonidos con los ojos cerrados e identificar su procedencia.

Estas son sólo algunas de las actividades de atención plena para compartir instantes de calidad con los hijos. Como se ve, no son imposibles ni se necesita disponer de escenarios complicados. Sólo se trata de estar junto con los hijos en el aquí y ahora. La vida no es más que la conciencia del instante en que respiramos.

12 de mayo de 2015

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