Salud

Rosácea: me pongo colorada

Enfermedad crónica que afecta sobre todo a las personas de piel muy blanca, no tiene cura definitiva pero es tratable.

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Los grados de la rosácea se pueden clasificar en cuatro según el tipo de complicación, como son el acné vulgaris, eritematosa, pustulosa hasta los casos en donde la nariz adquiere una forma característica que denominamos rinofima, el grado máximo de la enfermedad. Caracterizada por un aumento de los capilares sanguíneos a nivel facial, que usualmente se da en forma de alas de mariposa, también es común verla en cuello y escote.

Si bien es más común entre las mujeres, hoy por hoy, esta enfermedad no distingue sexo, aparece entre los 20 y los 65 años y, en general, tiene una causa genética.

Dado que se trata de una enfermedad crónica, los tratamientos dermatológicos apuntan a mantenerla controlada, pero no tiene cura definitiva. Los cambios de temperatura propios de la época (calefacción y frío), como también los baños muy calientes, causan la vasodilatación de esos capilares que ya de por sí están dilatados. Todos esos cambios bruscos provocan un aumento del enrojecimiento, picazón, ardor y calor local.

Si bien la rosácea es superficial, su causa es bastante más profunda y está muy relacionada con el estrés y la ansiedad. Muchas hormonas que son liberadas en situaciones de tensión no son para nada beneficiosas en esta patología ya que producen mayor vasodilatación, retención de líquidos, inmunosupresión favoreciendo la aparición de la rosácea complicada con acné. De ahí que quienes más la padezcan sean personas con personalidades de tipo ansiosas y nerviosas que, además, en su adolescencia contaban con cutis grasos.

Lo conveniente en este tipo de casos es utilizar cremas suaves, en lo posible cremas geles o geles ricos en sustancias descongestivas, como la manzanilla, el tilo o la passiflora. Para los casos más comprometidos se deben usar cremas médicas y en muchos casos con antibióticos, pero siempre con el control médico adecuado.

2 pensamientos en “Rosácea: me pongo colorada

  1. La rosácea es la enfermedad que heredaron cuatro de mis cinco hijas. Lamentablemente sólo a una se lo habían detectado a nivel piel y estuvo bastante tiempo con un tratamiento que ahora abandonó por cansancio y no consigo que quiera continuarlo.
    A dos de mis hijas las trataron distintos oculistas tanto de Cipolletti (RN) como de Neuquén por conjuntivitis alérgica.En forma permanente estaban en el oculista quien las trataba con gotas por los síntomas que aparecían en forma cíclica. Terminaron con daños en las córneas y problemas visuales. Tuvimos que llevarlas a Mendoza a un especialista de córnea y él fue el primero que les diagnosticó que los daños fueron producidos por la rosácea.
    Las chicas pasaron por varios oftalmólogos y ninguno supo diagnosticarles la enfermedad. Ahora están con un tratamiento que por suerte no permitió la aparición de los síntomas pero deben realizarse microinjertos en las zonas dañadas, o sea deben ser incluidas en las listas del INCUCAI para transplante de córneas. Sin contar que por las operaciones hay que abonar cifras onerosas que la obra social no reconoce por no tener convenio con el Instituto Zaldívar.
    Este testimonio es sólo para alertar a las personas que tienen rosácea y comienzan a manifestar problemas en los ojos.

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