Familia

Familias estresadas

En los últimos tiempos crecieron las consultas médicas por estrés familiar. Nada más ni nada menos que hijos presionados, mujeres sin espacios propios ni “válvulas de escape”. Consejos prácticos para tratar de evitar estas situaciones en el hogar.

sobrepasada

El estrés es un fenómeno que, si bien puede localizarse en un individuo aislado, también lo hace en el conjunto del sistema familiar. “Los índices de incidencia del estrés en todo el círculo familiar están creciendo año a año a pasos agigantados, trayendo consecuencias altamente negativas a miles de hogares argentinos, con manifestaciones físicas y psíquicas difíciles de revertir. ‘Estamos todos estresados´ es la frase que caracteriza a estas familias que acuden a diario a instituciones médicas en busca de ayuda, con el fin de poder mejorar su calidad de vida. Si bien históricamente los más afectados por esta situación eran habitualmente los jefes de hogar, en la actualidad el estrés y sus implicancias han alcanzado a mujeres e hijos, afectando a todo el núcleo familiar de igual manera. Este mal no hace distinción de clases sociales. Sin embargo, en el caso de los pacientes que atendemos en nuestra institución, nos encontramos frente a familias de un nivel socioeconómico alto, integradas por hombres y mujeres exigidos en lo laboral cuyos hijos son también exigidos por demás desde todo punto de vista. La situación se tornará cada vez más compleja, según coinciden la mayoría de los pronósticos. Sin embargo, se está notando una mayor toma de conciencia por parte de la sociedad en general, la cual se manifiesta en un notorio incremento en las consultas médicas a especialistas e instituciones referentes en el tratamiento del estrés”, dice la Lic. Paula Saravia, integrante del Departamento de Salud Mental de Sanatorio Diquecito.

En general, este problema aparece en la familia, asociado a determinados eventos vitales o situaciones transicionales: nacimiento de un nuevo hijo, enfermedad o muerte de un familiar, separación de un miembro de la familia por un largo periodo, jubilación, divorcio, enfermedad crónica, miembro del grupo familiar psicótico o alcohólico, entre otras muchas causas. Cualquiera de ellas, de alguna manera, provocan cambios o alteraciones en la estructura familiar o en los patrones de interacción entre sus miembros.

Pero claro está que no todas las familias se estresan ante hechos semejantes, que por sí solos no generan estrés familiar. Entonces, ¿de qué depende que la familia pueda enfrentar exitosamente situaciones como las señaladas?. El estrés familiar es un proceso en el cual se implican los siguientes elementos: la significación que la familia asigna al evento o situación transicional, más allá del significado social que esta puede tener; recursos con que cuentan para hacer frente a las exigencias de ajuste que el hecho demanda y para establecer un adecuado balance entre estas demandas y las necesidades de los miembros del grupo familiar.

Entre estos recursos que se hace referencia, se debe tener en cuenta aquellos que son personales, de cada miembro en particular, tales como salud, el nivel educativo que contribuye a la percepción realista de las situaciones y a las habilidades para resolver problemas, características de personalidad como son la autoestima y el autocontrol sobre situaciones, y también los recursos del sistema familiar como son la cohesión o unión familiar y la existencia de una organización interna de la estructura familiar, lo bastante flexible como para permitir adoptar nuevos roles y adaptarse a situaciones cambiantes manteniendo la unidad y el buen funcionamiento del sistema familiar.

También el soporte social juega un importante rol al referirse al sistema de ayuda mutua que se brinda a la familia o que recibe de otros grupos o instituciones y que les permite a sus miembros mantener la autoestima, considerarse personas aceptadas y apoyadas, reflejándose esto como información necesaria para manejar situaciones conflictivas, soporte emocional y adecuada comunicación intergeneracional entre los miembros de la familia.

Por otra parte, el estilo de afrontar los problemas también tiene su incidencia. Son los intentos y esfuerzos que la familia despliega para tratar de controlar la situación estresante. Cuando la familia no logra restablecer el equilibrio o pasar a un nivel superior de funcionamiento, debido a que las demandas son superiores a sus recursos, entra en una crisis que se expresa en un grado considerable de desorganización e inestabilidad que afectan la manera en que interactuan sus miembros, dando lugar, en los casos más graves, incluso a la disolución familiar. Esto, por lo general, ocurre cuando se emplean estilos de afrontamiento evitativos, cuando no se quiere ver el problema, o eliminativo, cuando se realizan esfuerzos por “zafarse” del problema tratando de cambiar el significado de este.

Si la familia utiliza un estilo de afrontamiento activo, es decir, si ve la situación estresante como un reto y actúa tratando de clarificarla y de establecer las estrategias que permitan dirigir los esfuerzos conjuntos a la solución de la problemática, entonces podrá enfrentar con mayores probabilidades de éxito la “crisis”, preservando la unidad de la familia y promoviendo el bienestar y desarrollo emocional de sus miembros.

Los hijos en el centro de la escena

“Las familias que sufren de estrés están compuestas en general por adultos muy autoexigentes y exitosos en lo personal y laboral. Son padres que a su vez esperan y exigen a sus hijos altos rendimientos académicos, artísticos y deportivos. Cuando uno indaga cada caso, se topa habitualmente con que estos hijos han perdido los espacios de recreación, distensión y placer. La vorágine los ha llevado en algunos casos a presentar tensión alta e insomnio pese a su corta edad, y a caer en situaciones de agotamiento que se manifiesta en un estado de cansancio permanente. No les alcanzan las horas de sueño; tienen todo el día obsesivamente programado por sus padres y su rutina es ajustadísima, no permitiéndoles disfrutar de esta etapa de sus vidas. Hasta acusan dolores físicos por andar de un lugar al otro cargando material de estudio, o haciendo actividades permanentemente. Cuando estos hijos se dan cuenta de que no pueden estar a la altura de las exigencias familiares, se frustran intensamente y buscan salidas a través de excesos que los terminan perjudicando (comida, adicciones y demás). A esto se suma la pérdida del diálogo y de la contención familiar, lo que hace un cóctel peligroso. A estos chicos les cuesta detectar qué les está pasando. Son en realidad víctimas de padres que lleva por delante la `zanahoria del exitismo`. El joven pocas veces verbaliza lo que está viviendo y sintiendo sino que lo hace generalmente mediante actos, como conductas desafiantes, transgresoras u opositoras”, aclara la Lic. Saravia y agrega: “En las esposas y madres los índices de estrés están creciendo también marcadamente, por las mismas razones antes expuestas. Esta situación se acrecienta por la inexistencia de `válvulas de escape` que ayuden a revertir su incidencia. En consonancia con la situación de los hijos, la mujer que responde a este modelo de familia pasa gran parte del día llevando a sus hijos de un lado a otro, produciéndole un desgaste terrible al tratar de coordinar agendas propias y ajenas. Esto se acrecienta al sumar a las presiones de su familia, las de su entorno laboral y profesional, a las que suele sumarse una gran cantidad de trabajo del hogar, sin contar muchas veces con la ayuda de su cónyuge, quien vuelve cansado y estresado de su trabajo. Son mujeres que se olvidan de ser mujeres y pasan a ser una máquina. En este momento es cuando dejan de verse lindas y atractivas y se origina una importante pérdida de autoestima. Poco a poco, a causa de las exigencias diarias, se va renunciando a espacios en común tanto con el cónyuge como con los hijos, y viene esta sensación de que se ha perdido el rumbo, profundizándose la sensación de malestar”.

El estrés puede acarrear a alguno o a todos los integrantes de la familia las siguientes consecuencias: enfermedades psicosomáticas, tanto digestivas como son el síndrome de intestino irritable, respiratorias (asma bronquial, hiperventilación) o cardíacas; enfermedades endócrinas (obesidad, el hipotiroidismo y la diabetes), enfermedades dermatológicas y enfermedades psiquiátricas que van desde trastornos de ansiedad hasta depresivos o uso y abuso de sustancias psicoactivas.

CÓMO REVERTIRLO

* Recuperar espacios familiares: reconstruirlos en todos los sentidos: esposo-esposa, padres-hijos, entre hijos y, porque no, también con nuestros amigos. Esto no se resuelve con un viaje familiar, sino con un trabajo permanente entre los distintos vínculos. Se debe propiciar buscando compartir espacios de relajación, recreación y de encuentro en el ámbito cotidiano; por ejemplo, compartiendo almuerzos y cenas sin la presencia de la televisión que interfiera en el dialogo, proponiendo un juego de mesa para compartir un rato juntos, etc.

* Incentivar la práctica de deportes y actividades físicas: lo ideal es descubrir qué actividad es la más apropiada para cada uno según el gusto o las reales posibilidades. Otras opciones: caminatas, trekking, clases de danza, o cualquier otra similar.

* Mejorar los hábitos alimentarios: es fundamental ya que nuestro estado general de salud y capacidad inmune se verán afectados por la calidad de nuestra alimentación. Encontrar un equilibrio cuando el tiempo no permite la elaboración de comida casera. Para ello se puede diseñar una estrategia viable en el contexto particular en que se mueve la familia: ya sea listando lugares y opciones saludables al comprar comida elaborada o teniendo a mano en el freezer platos pre-elaborados…¿y por qué no?, hacer de la elaboración de un plato saludable una actividad lúdica que involucre a varios integrantes de la familia en un fin de semana.

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