Salud

Por qué preferimos lo dulce

Los humanos escogemos lo que queremos comer por diversas razones, pero en el caso de los dulces la respuesta se encuentra en los genes.

gomitas

Históricamente el sabor dulce se asocia con comidas saludables, mientras que los sabores amargos se relacionan con comidas tóxicas. Nuestros antepasados sólo podían distinguir entre un alimento y un veneno dependiendo de si este era dulce o amargo, y así se acostumbraron a preferir las cosas dulces.

Ese gusto instintivo por las cosas dulces comienza desde que nacemos. Diferentes estudios realizados con infantes comprobaron que, según sus expresiones faciales, preferían sabores dulces, mientras que rechazaban los amargos.

¿Por qué nuestros principales recuerdos de lo que comíamos y bebíamos en nuestra niñez son relacionados con lo dulce? Durante la niñez y adolescencia, preferimos alimentos y bebidas mucho más dulces, quizás relacionado con la misma evolución, ya que lo dulce provee a los menores la energía que requieren en su crecimiento. Pero luego de los 12 años de edad, cuando bajamos la intensidad de nuestro desarrollo corporal, esta preferencia va disminuyendo. Con los años, los adultos empiezan a dejar de preferir las cosas dulces y a disfrutar los sabores más complejos, incluyendo los amargos.

Los datos que ofrecen los estudios revelan que los niños prefieren frutas con mayor cantidad de energía (banana, uva, manzana), mientras que los adultos optan por alimentos con mayor densidad de energía, con grasa, azúcar o sal (como chocolates y galletitas).

Las bebidas azucaradas tienen poca densidad energética dado que el azúcar está diluido en agua. Esta es la razón por la cual los alimentos con alta densidad energética, tales como los postres o las papas fritas, son irresistibles, mientras que los jugos o las gaseosas no. Si nos ofrecen un chocolate o una bebida azucarada, nuestra selección, naturalmente, se inclina por el chocolate.

Las bebidas que contienen edulcorantes ayudan al control de calorías, dentro de una dieta balanceada. Por no tener calorías, no producen saciedad, pero está demostrado que tampoco causan más hambre. En cambio, las bebidas azucaradas sí brindan ese sentimiento de saciedad. Aunque no hay evidencia concluyente, preliminarmente se ha encontrado que tanto las bebidas con azúcar como las comidas contribuyen a la saciedad ya que es determinada por la cantidad de calorías consumidas, independientemente de si son sólidas o líquidas.

Esta información nos permite comprender por qué los humanos nos comportamos de determinadas maneras, explicando cómo históricamente hemos preferido lo dulce como método de supervivencia, y por qué preferimos alimentos con alta densidad calórica sobre otras comidas. Eso sí, independientemente de lo que consumamos, la clave es mantener una dieta balanceada en donde quepa todo tipo de alimento o bebida pero con moderación, e incorporando actividad física en nuestras rutinas diarias.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *