Sociedad

Leonor Benedetto: una actriz, una mujer

Más allá de los personajes que interpretó, su historia y su forma de pensar nada tienen que ver con la debilidad ni con la tibieza.

Leonor Benedetto

La actriz que prestara su cuerpo y su voz a la mítica Rosa de Rosa de lejos o la más actual Regina de Herederos de una Venganza, no tiene inconvenientes en contestar preguntas que hacen tanto al arte como a la vida.

– ¿Cuál es el recuerdo recurrente de Paraná, tu patria chica?
– El de mi abuela. Con los años me he dado cuenta de que me marcó, de que me transmitió el alma de una guerrera. La amé profundamente, con un sentimiento que excedía el amor familiar. Me identificaba con ella en forma inconsciente. Me di cuenta de que era absolutamente pobre y, sin embargo, jamás la escuché quejarse. Tengo el recuerdo de que hacía dulces de zapallo, de higo, de la parra de su casa. Paraná es mi abuela y ella trae consigo el río, los primeros años de colegio, todo.

– ¿Cuándo viniste a Buenos Aires?
– Tenía catorce años cuando se decidió que mi papá tenía mejores posibilidades económicas en la Capital y nos mudamos. No fue algo elegido por mí  Me provocó muchísima angustia aquella mudanza. Supuestamente veníamos a una vida mejor y, sin embargo, aquel viaje que se hacía en la balsa con el auto cruzando el río, es un recuerdo muy angustiante.

– ¿Cómo ingresaste en el Conservatorio?
– Yo entré casi por mandato en Medicina. Hice un año y medio, creo que aprobé dos materias. Después cambié a Filosofía. Un día, como hobby, comencé el Conservatorio de noche y un día me dije: “es aquí”. Todo esto que cuento ahora ordenadamente, no lo fue en la realidad. Siempre he seguido mis impulsos y mi intuición, de una manera salvaje, corriendo todos los riesgos. Hoy sé que los grandes sufrimientos de mi vida han derivado de cada vez que no seguí mi voz interior.

– En 1972 formaste parte de uno de los teleteatros que hicieron historia en la televisión argentina, Rolando Rivas, taxista, ¿cómo viviste ese éxito?
– Cuando me empecé a ver en la novela me asusté bastante porque esa joven no tenía nada que ver con lo que yo sentía de mí. Yo me percibía como una joven intelectual francesa, me faltaban los anteojos, nada más. Leía a Sartre, a Simone de Beauvoir, iba a la facultad vestida de gris porque eso acompañaba la imagen de seriedad que quería dar. De repente, por el personaje que interpretaba, apareció lo físico en mí en forma muy potente, algo que yo desconocía, con condimentos muy eróticos, muy sexuales. Lo que salía en la pantalla era brutal, ahí me dije: “eso soy yo”, pero no lo sabía.

– Si hubo una mujer sufrida fue Rosa de Rosa de lejos, ¿qué significó ese personaje en tu vida profesional y personal?
– Un proceso parecido al de Rolando. Rosa era un proyecto armado, conmigo como eje central, dirigido por María Herminia Avellaneda. Creo que todo lo que ocurrió con Rosa es mérito de María, ya que era el típico melodrama: una mujer pobre que viene del campo…

Continúe leyendo la entrevista en la edición Nro. 1364 de la revista Mía.

Fotos: Cedoc

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